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jueves 16 de junio de 2011

Correspondencia sobre el #15M: el movimiento sindical

Querido M:

La apestosa estela de un político se compone de diez tertulianos bailando al son que éste toca. Son el brazo armado mediático, necesario para justificar cualquier decisión impopular. Buscar justificaciones, comparaciones y recurrir al tan manido “y tú más” si la cosa se pone fea. Estarás de acuerdo conmigo que, tras la polémica decisión de los dirigentes sindicales mayoritarios de dar su conformidad a la reforma laboral, el objetivo estaba marcado: hay que demonizar el movimiento sindical. Desde Toxo y Méndez hasta los sindicalistas de base. No hacen falta pruebas, el plan trazado por el brazo mediático ha resultado exitoso. Objetivo alcanzado. Tocado y hundido. Mientras la prensa socialdemócrata (en crisis como sus políticos) tiene la mirilla fija sobre los sindicatos, los conservadores reparten sus balas entre gobierno y sindicatos (no hace falta que te ponga ejemplos, pero podemos basarnos en aquella famosa y ruin portada del ABC). Sálvese quien pueda.

Sí, es cierto, los dirigentes sindicales se lo pusieron fácil. No cabe duda. Mientras sindicalistas de base hacían su trabajo en empresas, plantando cara al poder defendiendo los derechos de sus compañeros, Toxo y Méndez desayunaban con importantes empresarios del país en uno de los hoteles más emblemáticos/caros de la capital (ese mismo edificio fue Hospital durante la Guerra Civil y un tal Durruti pasó sus últimas horas, curioso). ¿Conviene señalar a los culpables de esta fechoría? Claro, más cuando son los mismos que vendieron a los trabajadores firmando la maldita ley laboral. ¿Hay que denigrar el histórico y necesario movimiento sindical basándonos en la imagen de las dos cabezas visibles llevándose tazas decoradas con finas láminas de oro y delicadas figuras azules pintadas sobre un reluciente fondo blanco? Yo diría que no, pero no son pocos los que me/nos miran raro cuando lo digo. Estarás conmigo que, aunque la incultura abunda en este país, hace falta un buen trabajo para culpar de la actual situación de los trabajadores a los sindicatos. La prensa mamadora del movimiento (Lama dixit) lo hace bien. De ahí que a los políticos les cueste tanto subirse la bragueta y dimitir.

Hasta hace pocos días desconocía que esa importante base sindical, traicionada y vilipendiada como el resto de trabajadores, se movilizó en contra de la cínica actuación de sus dirigentes. Ahora lo sé, pero el que está sentado a mi derecha en el autobús, el que me vende el periódico por las mañanas, el que reparte el correo en mi barrio o el joven empresario que acaba de montar una tienda de electrodomésticos dos calles más debajo de mi casa, no lo saben. Esas protestas no ocuparon el mismo espacio en la prensa/radio/televisión que la foto del pacto de la nueva ley laboral, y eso contribuye a la desinformación de la gente. Tampoco lo sabían quienes interrumpieron varias veces al joven que el otro día nos dio una brillante charla sobre el Pacto del Euro y la actual situación de los derechos laborales. Mientras explicaba a quiénes favorecen las medidas neo-liberales adoptabas por el actual gobierno, por qué el futuro pinta turbio para todos si definitivamente se lleva a cabo el Pacto del Euro o por qué hemos llegado a esta situación siendo la primera generación con menos derechos que nuestros padres, a algunos de los allí presentes sólo se les ocurría preguntar qué hay de los sindicatos. Por qué se lo llevan crudo y no hacen nada. Los grupos de comunicación se frotan las manos (les entrará publicidad a borbotones de grandes empresas,verdaderas culpables de la crisis) y los políticos pasan sobre la alfombra silbando y guiñándonos un ojo. Misión cumplida, pueden descalzarse y beber el güisqui tranquilos con la bragueta bajada.

Salud,

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