Querido M:
Si algo ha conseguido el movimiento 15M, entre otras muchas cosas, es hacernos vivir días como el de ayer. Muchos dirán que lo acontecido en el Parlament de Barcelona es malo para el movimiento, otros serán más optimistas y pensarán que existe una indignación en ebullición que busca el cambio de sistema de forma comprometida. Puedo estar de acuerdo con cualquiera de las dos posturas, con un pequeño matiz: que sea una opinión interna. Ya sabes que soy muy crítico con quienes hacen caso a las voces del exterior, o caminan con el miedo al qué dirán. Lo que dirán/dicen es lo de siempre: críticas poco constructivas y mal argumentadas, miedo al cambio y apoyo total al poder que ellos han ayudado a establecer. ¿Tenemos que seguir planteando actuaciones marcándonos pautas para no traspasar los márgenes que “ellos” nos han impuesto sin preguntar? Sabes que no hablo de violencia: me subiría al balcón del ayuntamiento pero nunca le quitaría el perro a un invidente (como dijo Montero Glez vía twitter: si estoy cerca no lo hubiese consentido).
La edición de hoy del diario Público me parece un ejemplo perfecto de lo que intento explicar. Conoces la línea editorial de ese periódico, y sus limitaciones propias de subsistir gracias a un grupo mediático con un poderoso capital (la teoría de Chomsky sobre los falsos medios progresistas viene como anillo al dedo en este caso). Pero no han dudado ni un segundo en arrimarse a la marea democrática del 15M. Llámalo oportunismo, estrategia comercial, pero la mayoría de plumas de ese periódico elogian la revolución ciudadana con total sinceridad. Dos de esos columnistas hoy escriben artículos muy recomendables: Ignacio Escolar e Isaac Rosa. El ex director de Público condena la violencia hacia los parlamentarios sin olvidar la violencia que significa los recortes en Sanidad y Educación. Isaac Rosa, consciente de que el 95% de los periodistas ya han escrito lo contrario, se centra, con la ironía que le caracteriza, en la aberración que supone esos recortes teniendo en cuenta que durante la campaña electoral no se mencionaron.
Voy a ser sincero: si tuviese espacio y cualidades habría escrito la columna de Rosa. Y no sólo por compensar los eructos de la derecha tabernaria, también porque creo que a un cambio de sistema no se llega tan sólo con asambleas diarias, clases de yoga y manifestaciones dominicales. Para un cambio real se necesitan apoyos, y la mayoría de ciudadanos que están indignados no lo saben. Quizá con actos violentos como el de ayer el movimiento pierde adhesiones, pero para esos están los artículos de Isaac Rosa o las clases magistrales de economía de Arcadi Oliveras: para señalar que los máximos responsables de los altercados no son quienes tiran piedras sino los que han conseguido que no quede más remedio que cogerlas.

Lo malo de todo esto es que, nos guste o no, y aunque nos dé cien patadas en el estómago, a esa gente la han elegido cinco o seis o siete, da lo mismo, millones de personas. Uno puede estar indignado, y yo lo estoy, pero hay que tener en cuenta que a lo mejor esa gente no, pero los que les han votado sí merecen un respeto. Ponte en el caso de que el movimiento 15-M se articula y el día de mañana logra, por ejemplo, diez diputados. A mí no me gustaría que a esos diputados los insultaran, o los escupieran, o los tiraran pintura camino del parlamento
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