Nunca he leído a Céline (apenas sé quién es) pero desde hace unos días aparece su nombre a diario en las páginas de cultura de los periódicos o en las pequeñas secciones de los informativos de radio y televisión. El motivo es que el ministro de cultura francés, Frédéric Mitterand, ha decidido tachar al escritor de la lista de célebrations nacionales (una versión francesa del no-homenaje a Foxá en Sevilla) por su antisemitismo. Por lo leído/escuchado no sólo fue un buen escritor (lo dicen Mario Vargas Llosa, José Carlos Llop y Manuel Rodríguez Rivero, debo creerles) sino que fue un admirador de la doctrina hitleriana, un colaboracionista de los nazis en aquella Francia que veía con ese miedo inexplicable cómo las fuerzas alemanas construían un imperio ario de odio y sinrazón. Volvemos al eterno debate: ¿se debe homenajear a un (brillante) escritor que entregó a familias judías a las fuerzas de ocupación? Formulemos la pregunta con algo más de cercanía aprovechando el paralelismo de Céline con Foxá: ¿se debe homenajear a un (genial) escritor falangista que entre otros méritos tiene el haber escrito alguna de las frases del Cara al sol?
Pues no lo sé. Soy un claro defensor de la separación entre escritor y persona, he leído libros escritos por personas infames que han llegado a atraparme, pero de ahí a homenajearles creo que hay un gran salto. Salto que no me atrevo a dar. He disfrutado mucho (lo he repetido infinidad de veces y no me cansaré jamás de recomendarlo) con Las máscaras del héroe de Juan Manuel de Prada, y me encantaría encontrarme algún día con él para agradecerle esa historia genial, con esos personajes inolvidables; pero no sé si mostraría mi apoyo al homenaje de un escritor cuyos artículos de opinión en el XL Semanal, salvo excepciones, son infumables.
No tengo una opinión clara y concisa sobre el tema Céline, aunque sí me chirría un poco ver la cara del escritor que colaboró con el nazismo en su madurez (eso evita comparaciones con Günter Grass) en un póster gigante, mientras Sarkozy pronuncia un discurso sobre la fantástica prosa del protagonista en la Plaza de la Concordia de París.
Pues no lo sé. Soy un claro defensor de la separación entre escritor y persona, he leído libros escritos por personas infames que han llegado a atraparme, pero de ahí a homenajearles creo que hay un gran salto. Salto que no me atrevo a dar. He disfrutado mucho (lo he repetido infinidad de veces y no me cansaré jamás de recomendarlo) con Las máscaras del héroe de Juan Manuel de Prada, y me encantaría encontrarme algún día con él para agradecerle esa historia genial, con esos personajes inolvidables; pero no sé si mostraría mi apoyo al homenaje de un escritor cuyos artículos de opinión en el XL Semanal, salvo excepciones, son infumables.
No tengo una opinión clara y concisa sobre el tema Céline, aunque sí me chirría un poco ver la cara del escritor que colaboró con el nazismo en su madurez (eso evita comparaciones con Günter Grass) en un póster gigante, mientras Sarkozy pronuncia un discurso sobre la fantástica prosa del protagonista en la Plaza de la Concordia de París.

Lo de Celine no es tan sencillo, como tampoco lo de Foxá. Escribió artículos contra los judios, es verdad, pero no fue un seguidor de carril de los nazis, su postura en libros como Viaje al fin de la noche es contraria al totalitarismo, y si escribió en clave antisemita fue porque (pero eso nadie lo quiere reconocer, va contra la postura oficial) en aquel tiempo en Francia muhos, quizás la mayoría, eran antisemitas. Pero claro, en un país que nos ha vendido cientos de historias de su gloriosa Resistencia no conviene reconocer cómo fueron en realidad esos años y de qué modo muchos colaboraron con los alemanes (fue uno de sus mandos militares el que dijo, cuando De Gaulle pretendió abrir juicios contra los colaboracionistas, que no convenía poner el listós muy alto). Creo que Celine, por ser un autor muy llamativo, acabó por pagar la mala conciencia de esa sociedad.
ResponderSuprimirY sobre Foxá, este no fue tampoco un falangista de carril, como se le pretende pintar. Sale mucho, Foxá (que fue embajador en Finlandia), en la novela Kaputt, de Malaparte, y allí se le muestra como un tipo inteligente, capaz, en absoluto fanático, y bastante escépticos sobre la cultura nazi y totalitaria. Lo que ocurre sólo es que en aquella época para ser alguien en política, para ser embajador, por ejemplo, tenían que ser falangista, y a ser posible destacado.
Lo que creo que no se puede es juzgar la postura ideológica de un literato de acuerdo a las claves de nuestro tiempo (yo he oído, por ejemplo, tildar a Verne de antiecológico porque si por él fuera se derribarían todos los bosques para dejar paso al tren). Lo que importa de los autores es su calidad literaria, pienso yo.