Querido M:
Volvemos a tener en las primeras páginas de los periódicos, en los boletines horarios de las principales radios y en los avances informativos de las televisiones la trágica muerte de un menor. En este caso se trata de una niña malagueña de 13 años, cuyo nombre no recuerdo y que por una decisión un tanto estúpida voy a evitar su búsqueda. Quizá sea para intentar llevar a cabo un análisis frío, para que la muerte en este caso sea abstracta y no concreta; aunque ya sabes que no somos nada sin los sentimientos, por lo que sé que si dejo escapar alguno sabrás perdonarme.
Lo bueno del asunto es que ya sabemos lo que nos espera. La experiencia de haber tenido que soportar durante muchos años el trato vejatorio que los mass media dan a las víctimas (sobre todo a los familiares) nos evita tener que torcer el gesto. Con apagar la tele, la radio o cerrar el periódico es suficiente desprecio. O por lo menos pensar así me consuela.
Crecimos en los ochenta, cuando a diario nos levantábamos con la noticia de un muerto a manos de ETA, y nunca olvidaré esos cadáveres con un tiro en la nuca, tumbados en aceras húmedas y frías tapados con una sábana. Forma parte de nuestra niñez tanto como el Cola-cao, las galletas y el Dream Team. Recuerdo una vez el descuido de un forense (quizá no era más que un policía indiscreto) cuando levantó dos palmos la sábana y las cámaras recogieron el rostro pálido aunque todavía caliente del recién fallecido. Me baso en recuerdos vagos de niño, aunque pondría la mano en el fuego que incluso esa imagen imborrable cubrió la portada de un importante diario nacional (creo que fue ese mismo diario que se suma a las manifestaciones a favor de las víctimas del terrorismo y que saca reportajes para que no olvidemos los muertos cuando hay en marcha una posible negociación) . Quedaría bien si te dijera que en ese momento se me cayó la galleta en la mesa y no pude continuar desayunando, pero no: guardé inocentemente la información en el disco duro y sólo con los años he conseguido saber la importancia de esa imagen. De ese momento.
Quiero decir con esto que el maltrato de los medios de comunicación a los muertos y sus familiares viene de lejos. Aunque hayan sustituido CNN+ por las 24 horas de Gran Hermano y Belén Esteban sea la princesa del pueblo, el tema ya estaba así cuando llegamos. Este mediodía he vuelto a sentir ese asco que compartimos hacia los medios de comunicación cuando convierten la trágica muerte de un menor en algo morboso. No nos importa cuántos puñetazos y patadas recibió la niña, ni cómo fue enterrada. No nos importa si fue violada, o si le clavaron un cuchillo en el cuello. Eso sólo debería importarle al juez y a la familia. Pero no, ningún medio de comunicación evita hacer referencia al cómo y especulan con el por qué cuando el cadáver todavía está frío. Cada país tiene los medios de comunicación que se merece, y España no es una excepción, aunque no podrán evitar que ese grupúsculo de ciudadanos informados sueñen/soñemos con un periodismo diferente.
Sigue con salud,
T.
"Quien no se mueve, no siente las cadenas" Rosa Luxemburgo.

Una vez dijo un forense en la tele, un tipo bastante culto, que los muertos tienen su dignidad. Parecemos haber olvidado eso.
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