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viernes 24 de septiembre de 2010

No quiero ser ministro

La semana pasada conseguí una reunión con garganta de aluminio. Me cuenta que Mariano Rajoy, a dos años vista de las próximas elecciones generales, ya tiene casi perfilado su futuro equipo de gobierno. Desde su despacho en la quinta planta de la sede popular en Génova, me sorprende con la última incorporación estrella: “para la cartera de Exteriores, ante la negativa de Chuck Norris, tenemos a un novillero salmantino con mucho arte” Voy tomando nota sin gesticular mi asombro. “Ya sabe usté que la política de nuestro partido se basa en la previsión, pues la improvisación se la dejamos para el actual gobierno, así que teniendo en cuenta las encuestas, don Mariano quiere que antes de la primavera cada uno tenga claro su puesto para el futuro gobierno”.

Al preguntarle por la ocurrencia de fichar a un novillero como representante de España en el extranjero, encargado de solucionar los posibles conflictos internacionales, garganta de aluminio se pone serio para empezar su discurso “nuestra estrategia para el futuro inmediato es acercar el gobierno a la calle, teniendo en cuenta que lo contrario está cada vez más difícil por culpa de los socialistas. El desencanto de la gente es palpable y nos preocupa. Por eso mismo creemos que nadie mejor que un novillero semiprofesional para que el pueblo español se sienta bien representado en espacios tan desconocidos para el vulgo como la ONU o la OTAN”.

La reunión dura poco menos de una hora, mi contacto reitera las muchas fuerzas con la que afronta Mariano Rajoy esta nueva etapa. “Se ve en La Moncloa, y yo también le veo. Nos queda mucho trabajo, futuros cargos a elegir. Estamos contactando con el entorno de varios personajes públicos para saber su respuesta ante la posible decisión de incluirles en el futuro gobierno de España. Norma Duval ya nos ha dado el sí para la cartera de Economía. Creemos que Andrés Calamaro, por su don de gentes y su cercanía, sería un perfecto portavoz del gobierno, aunque éste todavía no ha dado una respuesta clara. Para el Ministerio de la Vivienda quién mejor que Francisco Hernando, a quien llaman El Pocero, y no sólo ha dado el sí, sino que ya nos ha mandado varias medidas para solucionar problemas como el de la inmigración, que no entra dentro de su cometido pero se agradece: se basa en un sencillo plan de construcción de viviendas de protección oficial en el Norte de África para mandar a los moritos para allá y que puedan empezar una nueva vida en su país. Creo que es una forma correcta y educada de mandarlos para su casa y que dejen de mamar de España. Por supuesto el viaje correría de nuestra cuenta.” Me atrevo a preguntarle si se hacen cargo de las críticas que les llegarán cuando se hagan públicas estas decisiones. “Tenemos que dejar claro que el representante ministerial es un papel sencillo que puede hacer cualquiera, siempre y cuando a sus espaldas haya un grupo de profesionales encargados de solventar cualquier duda que pueda surgir. El ministro no es más que la cara visible de un grupo humano unido y trabajado. Tenga en cuenta que el ciudadano se verá recompensado con una subida de autoestima nunca antes vista, al comprobar que cualquiera puede llegar a ser ministro.”

Nos despedimos con un cariñoso abrazo, con la sonrisa dibujada del que se ve campeón. No hay rastro de fatiga en su rostro “el mes que viene te llamo para reunirnos, así te filtro los nuevos fichajes. Por supuesto haz como siempre y omite mi nombre.” Antes de montarme en el ascensor me ofrece participar en el nuevo gobierno popular, le digo que soy apolítico y que seguramente no cumpla las condiciones para el cargo “eso es lo de menos” me interrumpe con la misma sonrisa “yo daría la cara por ti en la cúpula directiva”.

Se lo he comentado a mi mujer y me ha dicho que me lo piense. Y en ésas estoy.

1 comentarios:

  1. Qué cierto es eso de que hoy día, en España, cualquiera puede ser ministro. Nada nos va a pillar, yo creo, ya de sorpresa

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