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domingo 6 de diciembre de 2009

Por qué me gusta Pérez-Reverte

Por Patentes como esta:

El Artista sonríe porque es un chico o chica sencillo y estas cosas ya se sabe, lo cortan mucho. En su último cedé, nos informa el presentata, no ha hecho otra cosa que comprometerse hasta el páncreas, dando lo mejor de sí por la deuda que tiene con la Humanidad en general y con sus fans en particular. Demostrando que pese a su modesta casa de Miami con embarcadero particular y helipuerto, no olvida el compromiso con los valores de las personas humanas. Los nuevos temas, remata el ejecutivo presentador, «son escalofriantes». Denuncian la guerra, la injusticia, la violencia de género, la pederastia en Tailandia, el aparcar en doble fila. A destacar la letra -«Descarnada, tremenda», matiza el ejecutivo- de la canción que da título al cedé: ‘La guerra es mala, Pascuala’.






Y esta:

Era una mañana de ésas en Mostar, con el sol tibio recortando los esqueletos ennegrecidos de los edificios y aquel olor peculiar de las ciudades en guerra, a piedra y madera quemadas, cenizas y materia orgánica –basura, animales, seres humanos- pudriéndose bajo los escombros. Ese olor que no encuentras en ninguna otra parte y que te acompaña durante días pegado a tu nariz y a tus ropas, incluso cuando te has duchado veinte veces y hace mucho tiempo que te has ido. Era una de esas mañanas sin muerte inmediata, y durante unas horas la expresión de la gente que se movía por la calle no era de temor, sino sólo de cansancio, con esa mirada vacía y distante que se les queda a quienes viven, día tras día, en la antesala del infierno.



Entre otras muchas cosas.

viernes 4 de diciembre de 2009

Aminetu Haidar

El 15 de noviembre era domingo, día de descanso: portátil, periódicos, libro, manta, siesta y carne con salsa. Al día siguiente, como todos o casi todos los lunes, trabajo y fútbol. El Martes es mi particular día de El Señor, desconozco de qué señor estoy hablando, lo dejo como ejercicio de imaginación al posible lector. Los miércoles es el menos previsto de la semana: fútbol o bar. Queda la posibilidad de que el fútbol sea de ejercicio ajeno y que ambas posibilidades se combinen. Jueves, si me queda algo de fuerzas, también fútbol, y si encarta una cervecita para celebrar la proximidad del fin de semana. Viernes es el día de la siesta que nunca hago, y el día que vuelvo a ser un alumno feliz y responsable - es un decir -. Y llegamos al fin de semana, siguiendo la misma combinación que el miércoles, sólo que en versión extendida: fútbol y bar, cervezas y cacahuetes, risas y sonrisas. Sin darnos cuenta hemos llegado al 22 de noviembre. 7 días y un montón de horas – no me apetece sacar la calculadora -.

Sigamos la misma tónica dos semanas más y algún día menos. Días, horas y segundos. Momentos tristes y felices. Aburrimiento, estrés, suspiros, sueño, y madrugones, lágrimas pocas, coche, sillón, Facebook y Messenger, patadas, goles y largueros. Móvil y sueños.

Nos plantamos en el 04 de diciembre de 2009, y desde ese 15 de noviembre Aminetu Haidar no ha vuelto a comer.

Sólo quien ha pasado hambre y haya dormido en la cama es capaz de entenderlo. Como no es mi caso, por mucho que me esfuerzo no soy capaz de imaginar el sufrimiento que ahora mismo está viviendo esa mujer. Lo único que me queda es pensar en ella de vez en cuando.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

FIRMADO:
Enrique Meneses

sábado 28 de noviembre de 2009

Ella no sabe lo que pienso

La primera cerveza siempre cae en saco roto. En la mesa hay algunas cagas de paloma. Menos mal que están secas. Aunque alrededor de la mesa metálica con publicidad de una conocida marca de ron, hay todavía pequeñas gotas de rocío, húmedos vestigios de una noche de frío. No sé por qué las malditas entidades bancarias cierran las puertas de sus cajeros por la noche. Esas empresas que no son más que una dictadura a la que todos contribuimos porque no nos queda más remedio – o eso nos gusta pensar -, podrían mostrar un poco de humanidad y dejar que los indigentes huyan del frío durmiendo bajo techo. Es verdad que cuando vas a sacar dinero aquello huele mal. Aunque peor olor desprende la esquina meada donde algunos tienen que pasar la noche. Luego crean fundaciones y patrocinan actos solidarios para lavar su imagen. No saben que la demagogia no se va ni con aguarrás.

Si hay que escarbar para encontrar algo positivo en esta crisis provocada por los mismos a los que los gobiernos llenan los bolsillos para salir, es que hay magnates que en algún momento se les ha borrado esa sonrisa de plástico, les han temblado las piernas y han caminado por sus despacho con el culo prieto tras ver los números en el cierre contable. En la segunda cerveza todavía noto ese sabor especial e inconfundible; Ella me mira, seguramente intente averiguar qué estoy pensando. No sé si hablar o simplemente sonreír. Nunca una sonrisa podrá ser sustituida por una palabra. Si me devuelve la sonrisa no hay razón por la cual negarle un te quiero.
Su mano me trasmite un calor diferente. ¿De quién será esa colilla que rueda por la acera? Una punta de zapato sale de la esquina. No hay nada más triste que cruzarse con una prostituta a las doce de la mañana. Me gustaría hablar con ella. La única diferencia entre la chica que me agarra la mano y la de la esquina es el Destino. ¿Qué te ha traído hasta aquí? ¿Qué hay de tu pasado? ¿Qué va a ser de tu futuro? ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Me ha sonreído provocativa. No sé si no ha visto, o no ha querido ver, que voy acompañado. Desconoce el amor, sus consecuencias y su forma natural de revelarse. Como les pasa a casi todas las Magdalenas a las que cantó Sabina. Aquella gaviota vuela libre entre cables eléctricos y bloques de viviendas, y brilla una luz verde de farmacia. Ella me vuelve a apretar la mano y sonríe. La única diferencia entre tú y la de la esquina es el Destino. Todo es diferente sin ti. Ni bueno ni malo. Diferente. Feliz.

Esa nube vuela muy rápido. Parece amenazadora. Espero que no llueva. Es curioso el funcionamiento de un paraguas. Me gustaría saber a quién se le ocurrió semejante idea. El inventor del futbolín murió hace un par de años. Se le ocurrió en la cárcel. Por lo visto era rojo, como los llamaban los del cencerro y el correaje. ¿A quién sino se le ocurre algo tan genial? Aquellos coches esperan la luz verde. Blair no sabía qué era un semáforo hasta que dejó de ser primer ministro. Hay idiotas que llegan demasiado lejos. ¿Por qué me gustará tanto el olor a gasolina? El día que a alguien le dé por explotar gasolineras urbanas vamos a volar más alto que la gaviota. Eso ya lo cantó el Parrita. Aunque quizá no con ese significado. O sí. Quién sabe. Si los de Gran Hermano estuvieran cerca de una explosión en alguna gasolinera tampoco perderíamos nada. Y ganaríamos mucho. Menos mal que los pensamientos son destellos rápidos y silenciosos. Eso me libra de muchos problemas. Ella sonríe. Jamás sabrá lo que pienso. Aunque tampoco creo que le interese.

viernes 27 de noviembre de 2009

David González, Poeta

Literanta. Veinte horas y quince minutos. Sobre la ciudad cae el manto transparente de humedad. Cae sobre las aceras de las calles, el techo y el capó de los coches, y sobre el bolso de las ancianas. Antonio Rigo, alma máter de El Último Jueves – quince años cumplen este mes – tras preguntar a los allí presentes si sabíamos de qué estaba hecha la escobilla de Jaume Matas, nos presenta a David González. De oficio Poeta. Al nacer me extirparon el apéndice en el que, entre otras muchas cosas, guardaba el sentimiento necesario para entender la poesía contemporánea. Veo que David se levanta de la silla y echa un trago de su zumo de naranja, o algo parecido. Justo antes de que agarre el micrófono, me pongo en la posición propia de un boxeador defendiéndose de los golpes contrarios y hago bailar las canillas cual Mohamed Alí. A mí no me la cuelan, prejuzgo prepotente y cateto para no variar.

Al poco descubro que ese tío escribe como los dioses, suponiendo que para él existan, y que sus ideas podían copular hasta el infinito con las mías sin cansarse. “Vengo de una familia de perdedores” nos cuenta, “desde que perdimos la guerra hasta ahora”. Bajo los brazos al descubrir que no hay nada en él de lo que me tenga que defender. Nada.
David González lleva el pelo rizado y largo. Es delgado y alto, y con sus dos manos sostiene un cigarro, el micrófono y su libro. Y aún tiene la maña suficiente para colgarse la cabellera en su oreja izquierda cuando el pelo le molesta al leer. “Ahora que se han cumplido veinte años, todo el mundo se la pela con la caída del muro de Berlín” le rodean miradas y silencios expectantes “cuando el mundo sigue estando lleno de muros sin caer: el que separa México de Estados Unidos, el de Marruecos y España o el de Palestina e Israel” Gritaría de emoción si no fuese por la vergüenza. Arrancaría a correr y le daría un abrazo y mil gracias por decir lo que piensa en voz alta sin importarle una mierda lo que puedan pensar o decir los demás. Ejercicio sólo apto para gente con huevos.

Agarra el libro y pasa a la página siguiente. Veo que en su mano derecha lleva tatuada la estrella de David y la Luna. Como el Camarón. Rebotan en mi cabeza los quejíos de la leyenda del flamenco, del que Montero Glez prepara un libro. Vuelvo en sí y David González, de oficio Poeta, sigue leyendo:

QUE TENGAS UNA BUENA NOCHE

Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche.

Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente.

En una mano lleva la bolsa, o bolsas, de la basura.

En la otra, o bajo el brazo, los dos periódicos del bar.

Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche.

Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente.

Le arreglo el pelo. Le coloco bien el cuello del abrigo.

La beso en los labios. Que tengas una buena noche, le digo.

Mientras baja por la escalera, aún le recuerdo: Si necesitas algo,

me llamas. No importa qué hora sea. Me llamas.

Aguardo, todavía, a que desaparezca su espalda

y desaparezca, también, de la pared, la sombra de su espalda.

A que se apague la luz

y abajo, en el zaguán, se escuche un portazo. Solo entonces

entro en casa

y cierro la puerta.



Ayer descubrí por enésima vez que he llegado tarde. David González escribe como yo siempre quise escribir. Menos mal.

domingo 22 de noviembre de 2009

Cerveza y mierda 2/2

Me recreo en esa trasmisión de flujos, acuclillado en el césped próximo al banco del céntrico y abandonado parque donde los jóvenes pulsean con su aliento, y echo mano de la libreta. Quizá melancólico, quizá resignado. Mi primera novia sabía a pipas de girasol. Con esos trozos de cáscara salada que siempre le quedaban entre los dientes. De vez en cuando le daba un sorbo a la botella de Cola que compartíamos, y así rebajaba el sabor salado de su lengua con el dulce burbujeo que, a menudo, hacía brillar sus ojos. Fabulo y construyo el futuro de dos adolescentes enamorados. Un relato donde el desamor, la tristeza, la muerte y la miseria pelean por el papel del protagonista. Ella siempre mata a su amante, por aquello de compensar con ficción la realidad, simple ejercicio de justicia. Lanzo a la papelera la hoja arrugada, no merece otro lugar que ese: junto a las deposiciones caninas y las botellas vacías de cerveza. Cerveza y mierda, esa es tu vida, recupero la verticalidad y me golpeo el pecho como un loco declarándose al mundo. Esa es tu vida, me repito. Y así sigo calle abajo perdiéndome en el bosque de cemento; el barrio no perdona a quien sonríe, todos saben que hay que caminar solemne por sus calles, cabeza abajo, cual rata en un cementerio.

De la ventana de un bloque próximo viene el olor a cocido en plena ebullición. Me subo a lo alto de un contenedor inestable y resbaladizo, creo ver a una mujer que barre su cocina con empeño. En la radio suena una de Loles y Manuel. Ella mueve sus anchas caderas con el descaro que da la soledad. Le espera un día de trasiego y axilas sudadas. Sólo de vez en cuando se asoma a ver llover, y probará el cocido sin demasiado entusiasmo, como un pintor en su propia exposición, cansado ya de recrearse en su obra. Me siento en lo alto del contenedor mojado con las piernas cruzadas, espanto los pájaros de mi locura y me invento una historia de amor imposible. El bolígrafo se dispara, cruzo el umbral y sigo el rastro del olor a cocido, aquella mujer barre y canta coplas al atardecer. Medio siglo de vida no ha conseguido menguar mi atracción por las féminas. Como un atractivo dandi que no acepta derrotas la beso y ella deja caer la escoba al suelo. Esa tarde ella descubre el sexo sin amor, yo me reconcilio con el mundo por un rato, y averiguo que pese a todo hay tiempo para ser feliz y sonreír. Casi al final de la página se me ocurre que podríamos acabar desnudos desayunando cocido sobre el sofá, aguantando el plato con una mano y con la otra sosteniendo la cuchara y un cigarro cuyo humo amarillea el techo.
Sigo sentado en el contenedor de basura mojada. Ella seguramente siga barriendo, ajena al sueño húmedo y despierto que acaba de protagonizar. Arranco la página y pruebo a morderla. Escupo y descubro que la tinta aunque huele a cocido no sabe a garbanzos.

Hay quien dice que lo mejor de viajar es llegar a casa. Esos tontos aburguesados no deben tener una casa como la mía, jamás desearían salir de ella con tal de no volver. Una cucaracha me espera en la puerta de la nevera sin luz y sin frío. La abro para darme cuenta de que un cacho de chorizo es lo único comestible que puedo echarme a la boca. Apuro el mordisco y tiro la cuerda a un rincón; agarro la botella de cerveza caliente y me asomo otra vez por la ventana. Sólo me llega el eco silencioso de una ciudad que parece dormida, mientras intento tragar con asco el pellejo agrio de chorizo. Todo lo que me queda es dormir y olvidar que vivo rodeado de mierda. De cerveza y mierda.

Cerveza y mierda 1/2

Domingo en pausa. Nubes silenciosas echando el telón. El Sol parecía haber desaparecido buscando el descanso nocturno antes de lo previsto. Desde mi ventana la ciudad era un bosque de edificaciones de apariencia inhabitable. Algún transeúnte paseaba al perro con el entusiasmo de un condenado a muerte. Sólo los niños menospreciaban la infelicidad mundial: abstraídos por una inocencia envidiable se lanzaban a la caza de las palomas, al pateo de un balón o al lanzamiento de puñetazos con la imborrable sonrisa del que tolera cualquier agresión con la excusa del juego.

Un cosquilleo incesante en la planta de los pies, unos pantalones de pana y unos calcetines gruesos. Me echo a la calle con el cuello del abrigo subido y la boina calada, sin más destino que mi libreta y en el zurrón un bolígrafo al que calenté la punta con el mismo mechero con el que encendí un cigarro. En el bolsillo izquierdo el papel de un caramelo que buscaba su sitio entre restos de comida, y en el derecho, que llevaba años agujereado, el estímulo efervescente del que busca una historia y se auto amenaza con no volver a casa sin ella, por mucho que el frío te congele las mejillas y te evaporice el aliento.

Sólo busco ese flechazo. La mecha que enciende una lumbre, un estímulo que sea consecuencia de imágenes, de anécdotas, de personajes. Aviones, pájaros, pantalones de pitillo, colgantes de oro y navajazos cortando el aire. Piratas, vagabundos y sonajeros de niños rodando calle abajo. Panzas de gato, quejidos de Camarón que salen por las ventanas del bloque, con esa voz que hace detener corazones y vibrar cristales; hojas marrones tiradas en el suelo, cansadas de su inactividad en pleno bombardeo de lluvia. Jóvenes agarrados a la ginebra, viejos buscando huir del miedo con el cartón de tinto, marineros en tierra amarrados a las barras de todos los bares, desde los cuales sale aquel característico olor a fritura y Ducados. Borracheras solitarias, solitarios borrachos. Los fantasmas de un ex convicto, las metáforas de un poeta, los lamentos de un heroinómano con la jeringuilla apuntando a la boca del cielo y que acabará picándose las venas de la lengua. Leones y escorpiones verdes tatuados sobre una piel de cuero seco y desgastado. Tequieros en bocas sin dientes con la viscosidad seca en los pliegues, avinagrados harapos, cazuelas de barro vacías y unos jóvenes dándose su primer beso, ajenos al submundo pestilente que les rodea.

martes 17 de noviembre de 2009

¿Por qué no pagarles por adelantado?

El ser humano ha desarrollado la capacidad de fotografiar la superficie de Marte o, por ejemplo, de descubrir que hay agua en la Luna. Hay un centenar de personas trabajando en el acelerador de particulas para simular el "Big Bang" y Telecinco descubre que Belén Esteban también puede contar hasta doce y presentar las uvas.

Y me pregunto yo:
¿Por qué no invertir esfuerzo económico e intelectual en el desarrollo próspero del continente africano?
¿Por qué no evitar secuestradores y secuestrados?
¿Por qué no pagarles por adelantado y así evitar tragedias y sufrimiento?


domingo 15 de noviembre de 2009

"Hasta otro golpe de Estado" Leopoldo María Panero

Un día con Leopoldo María Panero:



Un Día Con Leopoldo María Panero (2/3)
Un Día Con Leopoldo María Panero (3/3)

Vomitona

Le extendí el papel con una fingida mueca de desinterés. En la terraza del céntrico bar los rayos de sol parecían haberse puesto de acuerdo para hacer brillar las cervezas. En el centro de la mesa un plato de cacahuetes permanecía intacto y un paquete arrugado de Fortuna dejaba entrever un par de cigarros y otras tantas boquillas.

- Bueno, vale, pero no tiene final.

A continuación le intenté explicar que después de horas escribiendo y otras tantas pensando e imaginando, no había encontrado una resolución que mereciera la pena.

- Ni siquiera uno de esos que tanto odio y que dejan indiferente al lector – continué justificándome -.

- Me vas a permitir abusar de la confianza para decir que esto así – levantó e hizo bailar el papel – es una auténtica porquería.

Guardé silencio ante la exactitud de sus palabras, nada que rebatir. Me habría gustado comenzar un arduo debate, de esos que estamos tan acostumbrados a protagonizar, aunque no era la ocasión más oportuna para ello. Siempre es agradable y fácil discutir sobre obras de otros escritores, y no tanto de obras propias: cualquier crítica sobre la prosa o la estructura, se convierte en una ofensa personal.

- Mata al periodista.

- Bah, no me jodas. Se supone que ese periodista soy yo.

- ¿Y? – Sonreí quedando a la espera de alguna explicación - ¿hay algo más literario que divagar y soñar tu propia muerte? Además tuya es la frase en la que dices que escribes para no matar, ¿no es así? Pues eso: mata y no mires a quién.

- Esa frase no es mía y lo sabes.

- Ya, ese escritor es peor que tú, y ya es decir, así que no me sale de los huevos pronunciar su nombre.

- Ahora me apetece incluirte en el final: “después de horas de tortura, acabe degollándole con un viejo y oxidado cuchillo de cocina”.

- Recuerda que los personajes se tienen que sostener, nadie va a saber por qué, de repente, matas al primero que pasa por ahí. Tendrías que modificar el relato entero.

- No hay prisa, hoy es jueves.

- Eres rematadamente vago, la inspiración casi nunca te encuentra trabajando. Así jamás escribirás nada que merezca la pena leer.

- Las musas son muy caprichosas.

- Las musas, ese término tan cursi que utilizáis los pseudo escritores, simplemente son justas, y sólo se le aparece a quien lo merece. No es tu caso – después de tal sentencia no me quedó otra que alzar la copa y brindar-.

- Eres una de las peores personas que conozco.

- Ya.

Aquella noche llegué a casa nublado por la espuma de las cervezas, que por cierto pagó él. Me senté en el escritorio, respiré el olor de los libros cercanos y me propuse escribir la historia desde el principio, buscando que la inercia de la prosa me acercara poco a poco al final, alejando la pereza.
No hubo manera: había depositado demasiadas esperanzas en mi supuesto poder de improvisación, y ni mi estado etílico ni la magia de la noche consiguieron que escribiera un digno cierre de relato. Ya en la cama mi optimismo patológico acudió al rescate haciéndome ver que había aprendido algo importante: vomita quien puede. Por mucho que fuerces metiéndote los dedos.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Enric González, Rafael Reig y Casshern

Ya dejé claro que, al contrario de lo que piensa Enric González, lo que más me importa de los periódicos son las opiniones más que las informaciones. Las opiniones son más sinceras y transparente: tras ellas no se esconde una parcialidad, pues ésta parece lógica siendo un punto de vista personal. Es mi opinión y por lo tanto date cuenta de que lleva su dosis justa de objetividad y otra, mayor en la mayoría de casos, de subjetividad. Por otra parte las informaciones se deben leer sabiendo claramente la línea ideológica del periódico que las publica. Y claro: acaba tocando los cojones después de años sacándole punta a titulares y editoriales – sección que dejé de leer hace mucho tiempo. Ahora pensando me doy cuenta de que quizás no las he llegado a leer nunca -.

Me entero por el blog de Rafael Reig que deja de escribir sus brillantes, sarcásticas y críticas columnas de opinión. Él sí ha dado explicaciones, el periódico no. La razón parece clara: no conviene tener a un columnista repartiendo sopapos a todo el mundo. Y todo el mundo significa también al gobierno socialista. Cosa que no debe gustar a Jaume Roures y compañía. Por lo tanto: cierra la puerta al salir, Reig. Le seguiré leyendo, en menor medida desgraciadamente, en su blog.

En mi humilde opinión, y por lo visto también en la no humilde de Albéniz, Enric González es el columnista estrella de El País. Por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. También, como Reig, por su rebeldía y por escribir lo que cree oportuno sin pensar en qué diario saldrá publicado. Sus lectores hemos creído ver muchas veces despedidas cuando, el bueno de Enric, lo que hacía era alertarnos de que en cualquier momento su opinión no convendría al periódico del Grupo PRISA. Ese día ha llegado. No lo despiden, sino que le sacan de la sección en la que escribía lo que le venía en gana y lo mandan de corresponsal a Jerusalén.

Me duele comprobar que en periódicos de “izquierdas” – suponiendo que El País lo sea - sólo hay espacio para criticar a la derecha y no para la autocrítica.

Por último, y no por ello menos importante, me entero de que el cabrón de Casshern dice que se las pira. Venga, no me jodas. Tú y yo sabemos que esto de tener blog, en cualquier plataforma, es sano, y que vomitar de vez en cuando es saludable, aunque sea metiéndose los dedos.
Sigue dándole a la tecla y da noticias sobre tu próximo naufragio.

lunes 9 de noviembre de 2009

Breves: de Venezuela a Somalia

Abro paréntesis

Hugo Chávez - Me sorprende la facilidad con la que amenaza a Colombia, insinuando una posible declaración de guerra. No le hacemos mucho caso porque ya le conocemos. Hasta que llegue el día que, arrastrado por su egocentrismo y viendo que sus declaraciones e intenciones no ocupan portadas, lleve a cabo sus amenazas. Eso es preocupante. Me entero que, tras la amenaza a Colombia se esconde la crisis económica que sufren los venezolanos, a los que ha pedido que no enciendan la luz de casa por la noche, sino que vayan con linterna, y que no se duchen cada día.
Viva la revolusión.

Piratas - Antes de nada dejo claro que me hago cargo del sufrimiento de los pescadores secuestrados y de sus familias. Aunque vengo preguntándome si alguien se ha parado a pensar porqué los piratas actúan de esa forma. He llegado a escuchar comparaciones con ETA y Al Qaeda, y no, por ahí no paso. No me comparen a niñatos millonarios drogados que dicen luchar por la independencia de una nación o por una religión fustigada por el látigo del demonio occidental, con somalíes que están hasta los cojones de pasar hambre y espantar moscas, entre guerras civiles y ratas, mientras ven desde la costa cómo pesqueros europeos vacían los caladeros cercanos al cuerno de África. Las razones son tan evidentes que huelga subrayarlas.
La solución no es otra que dar al continente africano lo que se merece y no robarles lo que tienen.

cierro paréntesis.

lunes 2 de noviembre de 2009

Setenta años más triste - III - Final

El gentío de la calle está demasiado ocupado sobreviviendo, por eso Carmen, que lleva medio cuerpo descuartizado en un saco de maíz cerrado con destreza gracias a una cuerda, pasa totalmente inadvertida. Podía ser cualquier otra mujer la que estuviera en el saco, pero está vez le había tocado a Virtudes. En un callejón húmedo y oscuro de casas bajas, se asoma tras la tapia de un patio trasero donde un puñado de cerdos se revuelca en el barro. El dueño de la casa, sentado en una mecedora con una garrota en la mano, ve a Carmen y la saluda con una ligera inclinación de cabeza. Ella le devuelve el saludo con una agria sonrisa, estira la cuerda del saco, dejando paso al olor nauseabundo, y tira los trozos de carne humana a los cerdos.
- Tengo más, vuelvo en un rato – Carmen habla sin mirar al dueño de la casa que asiente con la cabeza mientras mira cómo comen sus cerdos. A su lado un perro, con el lomo lleno de moscas, bosteza y se rasca la oreja con una de sus patas traseras. Viendo la tranquilidad con la que los dos observan la escena, se acaba uno dando cuenta de que el mundo se ha vuelto loco. De que todo está a punto de irse a la mierda.
Agarra el saco ya vacío y vuelve tras sus pasos. En el callejón se escucha el ruido tosco de los cerdos devorando impacientes, y las cucarachas asoman la cabeza curiosas atraídas por el olor a podrido.
Carmen, pocos días después y tras años esperando impaciente la llegada de la muerte, desesperada pensando e imaginando cuál sería su final, decide adelantarse al Destino saltando de noche la tapia de los cerdos. Se sienta en el barro apoyando la espalda en la pared y, tapándose la nariz, echa un buen trago al recipiente con lejía. Ya había cumplido su parte, el resto del trabajo lo harían los cerdos. Había planeado morir mirando al cielo, recordando a su hijo, pero los dolores fueron inmediatos y la obligaron a retorcerse, apretar los dientes y llorar. Treinta años más tarde, Don Félix, muerte anciano en la cama, rodeado de lujos y en compañía de su tercera mujer, una joven a la que la edad de éste libró de las continúas palizas que sí sufrieron las anteriores. Ni siquiera una sífilis o una cirrosis habían podido acabar antes con semejante mamarracho.

Miro la noche tras la ventana. Veo que las luces se van apagando una a una, como una triste ceremonia, el réquiem al Sol. Gracias a esa oscuridad exterior mi reflejo aparece en los cristales. Soy una barba canosa, una calvicie, una piel vieja y arrugada. Soy setenta años más triste. Mi infancia son recuerdos de un país extranjero, de una familia lejana. Mi padre un apestoso cacique, un vil asesino; mi madre su víctima. Y que nadie siga mirando a otro lado, es la víctima de todos.

sábado 31 de octubre de 2009

Setenta años más triste - II -

Camino del bar, se cruza con su mujer, Carmen – enjuta, recatada, diminuta, religiosa y con unas ojeras que son dos bolsas enormes de basura -:
- Félix, ¿vas a venir a comer? – se dirige a él con sumisión y miedo.
- Cállate – le espeta con rabia mientras la empuja.
- Carmen no contesta, ni puede ni debe, y sigue el camino hacia su casa con pasos cortos y rápidos mientras agacha la cabeza con tristeza y vergüenza. No grita porque nadie le escucha no llora porque ya está cansada, ni ríe porque ya no quedan motivos para ello. Don Félix sigue su camino, se seca la frente por enésima vez y escupe al suelo sin reparo, mientras se rasca la entrepierna por debajo del pantalón y suena a estropajo.
Carmen, ya en casa, abre la puerta de su habitación y ve a Virtudes tumbada boca arriba. Está blanca y rígida. Tiene una herida en la cabeza de la que ha emanado abundante sangre y un abrecartas de plata clavado en el cuello. Se acerca despacio al cadáver y con tranquilidad besa su frente y nota el tacto frío de su piel en los labios. Le cierra los ojos con cariño, abre el cajón de la mesa de noche, coge el rosario que le regaló su madre y se arrodilla a los pies de la cama. Carmen se dio por vencida hace mucho tiempo, cree que los derechos de la mujer en estos tiempos no son más que una quimera, una utopía que ni sus ojos, ni el de próximas generaciones de mujeres sometidas a una sociedad machista, verán jamás transformarse en realidad. Al fin y al cabo, Virtudes, no es más que una de las muchas víctimas que Don Félix deja a su paso sin que la justicia le rinda cuentas. Y hasta tal punto llega su tristeza que siempre espera ser ella la próxima.
Su marido sigue acodado en la barra del Café Chafolo, con media botella de vino en el cuerpo y la otra media esperando ser servida. Hace bailar el vaso sobre la barra y coge con desprecio la rebanada de pan con tomate, aceite y queso para llevárselo a la boca. Es común, en tiempos de hambre, que los pobres se acerquen al bar a pedir a los allí presentes una moneda para llevarse algo a la boca, o, como no sólo de pan vive el hombre, para que les inviten a un vaso de vino. A Don Félix ya no se le acercan después de hundirle la nariz a más de un pedigüeño con sus anchos nudillos. Tras las puertas del bar se escucha el ruido de unos niños que juegan a darle con el balón a una anciana que duerme tirada en una esquina, mientras los coches con gasógeno pitan para no atropellarles.

Setenta años más triste - I -

Mi mano tiembla, mi pulso se acelera; el flexo empapa de luz el folio y la noche riega de sombras la Ciudad. Noto el tacto rígido de la pluma y cómo tras la tinta va cayendo por los dedos recuerdos tensos y borrosos. Las uñas no son presa suficiente para impedir que el embalse de la memoria siga estancado.

Desde la Biblia se sabe que las historias, reales o ficticias, no merecen la pena si no hay un malo que enganche al lector hasta el final buscando venganza. Don Félix bien podría ser representante de esa casta de personajes que llevan colgada la etiqueta de “malo de la película” toda su existencia. Por zafio, por gañan, por asqueroso, por cerdo. Todo el mundo le conoce como Don Félix, con las únicas excepciones de su mujer que le llama Félix a secas y su hijo, que se dirige a él – cuando puede, pues estudia en el extranjero desde muy niño – como Padre y siempre de usted. Hablamos de un hombre al que la vida le trata como no se merece. Miembro de una estirpe de usureros, estraperlistas y contrabandistas, heredó una importante suma de dinero, además de bienes inmobiliarios, que le aseguran vivir hasta el final sin más preocupaciones que la de emborracharse: en bares de día y burdeles de noche.

Don Félix cierra la puerta de la misma habitación por la que media hora antes había entrado con la doncella, Virtudes, que es joven y sevillana, morena y de buen ver, y le gusta cantar coplas mientras barre, friega o lava la ropa en la pila del patio. Don Félix baja las empinadas escaleras de su céntrico piso y en las calles de la Ciudad todavía se escucha el eco de los tiros de una guerra incívica, pues sólo hace un lustro que la pesadilla ha acabado, para dar paso a otro sueño largo y espantoso. Las calles gritan de hambre, y de las cloacas sube un olor nauseabundo, como el de un vómito reciente. Las ratas ya han dejado de campar a sus anchas, los niños vagabundos las cazan golpeándolas con un palo en la cabeza para llenar el hueco de sus estómagos. Se le reconoce enseguida, y no sólo porque en tiempos de hambre lleva un traje caro, un sombrero de copa y un reloj cuya cadena cuelga de su bolsillo izquierdo, sino por su monumental barrigón se cruza con las costillas marcadas de los que piden a la puerta de las iglesias. Tal es el volumen de su abdomen que hay quien puede pensar que lleva una bombona de butano sostenida de sus pezones por dos hilos. No anda más de cincuenta metros sin que tenga que secarse el sudor que le cae por la papada, y en su camisa aparecen dos charcos bajo las axilas sucias y peludas. Todo en él es sucio: desde su alma hasta su cuerpo, pues no es amigo de la ducha, y combate la carencia de agua con abundante colonia, creando un mejunje de olores insoportable.

viernes 30 de octubre de 2009

La cosa dejó de tener gracia

Rodrigo de Santos era todo lo que jovenes conservadores sueñan ser: guapo, con un intachable curriculo - ejem -, una envidiable posición social, aventajado político con gran proyección y católico hasta la médula. O eso decía. Entonces se descubre su cara oculta: lo que le gustaba de verdad era meterse farlopa y pagar a chaperos - huelga decir para qué -. Qué quieres que te diga, a mí al principio la cosa me hizo gracia. Es verdad que pagaba sus vicios y sus bacanales con el dinero de nuestro bolsillo, pero así como está la cosa hoy en día, qué cojones, para que un político me robe y se compre pisos, o entierre el dinero en botes de Cola Cao, prefiero que se lo gaste en cocaína y prostíbulos. Y que le quiten lo bailao.

Pero, ay, la cosa dejó de tener gracia. Ya sabemos que a perro flaco todo son pulgas, y que Rodrigo de Santos tenía toda clase de sifonápteros recorriéndole el cuerpo. Y acabamos enterándonos de que abusó de dos niños aprovechando que eran amigo de sus hijos. Se acabó. Ahí no hay juego que valga, ni ironía. Ayer fue condenado a 13 años de cárcel por el abuso a menores.

La cosa es seria y ha dejado de tener gracia.

jueves 29 de octubre de 2009

Periódicos

Me gusta el periódico. El tacto frágil de sus hojas y la claridad de su letra. Su formato, como si de un libro de bolsillo se tratara, ayuda a iniciar, continuar o finalizar su lectura en cualquier sitio y en distintas posiciones. Me gusta comprarlo pese a saber que los días son cortos y los ratos libres son escasos. Y no es extraño que lo abra por primera vez días después, semanas incluso, cuando encuentro el tiempo y el silencio necesario para sentarme/tumbarme a leer. Un periódico sólo envejece cuando uno lo termina de leer. Mientras eso no sucede conserva intacta su actualidad.

Ayer noche, gracias a una alineación de astros, tuve el tiempo suficiente para leer varios periódicos que dejé pendientes del fin de semana. Uno del sábado y dos del domingo. Hoy en día las noticias nos llegan al instante, por lo que fui centrándome en los artículos de opinión y en las columnas, aunque sin dejar de echar un ojo rápido a los titulares. Uno del domingo era de ámbito local y por un lapsus de tiempo eché de menos alguna noticia respecto al derrumbamiento del edificio en Palma. Enseguida me di cuenta de que el trágico suceso ocurrió a las once de la noche del mismo día que lo compré.

Hace unas semanas Enrique Lázaro, en sus Oraciones en la segunda página de Ultima Hora, soñaba, en su característico tono jocoso, con encontrar uno de esos gusanos espaciales que le ayuden a trasportarse desde el sofá a la cama sin la necesidad de incorporarse. No sé lo que habría dado para que en aquel instante un gusano temporal en forma de agujero oscuro apareciera en la página central del periódico, poder saltar sobre él y aterrizar el domingo. Me habría puesto a correr enloquecido hasta cruzar toda Palma y alertar a los vecinos del futuro derrumbamiento.

Por supuesto el agujero no apareció. Y, como en todas las catástrofes, llego tarde. Llegamos tarde.

martes 27 de octubre de 2009

Soitu: adiós y gracias.

Las muertes evocan fechas, hechos, besos, hostias, polvos. Nada más enterarme del adiós de Soitumañana a las 18h. es su funeral: son originales hasta la muerte –, después de la tristeza incial, me da por recordar. Albéniz, el descodificador, acababa de dar un portazo al de los tirantes y a su grupo editorial, cuya línea ideológica nada tenía que ver con la del crítico más crítico de la televisión. Dejó atrás el quintacolumnismo para postear en un humilde blog de wordpress. Con mayor libertad e idéntica calidad. Se inició en la red una improvisada Quiniela en la cual los asiduos lectores de ese blog apostábamos por el destino de Albéniz: el recién lanzado diario Público es el que sonaba con mayor fuerza.

Ahí fue dónde escuché por primera vez esa palabra tan complicada que, al poco tiempo, ya sonaba tan familiar: Soitu. En estas cinco letras cabía un mundo por descubrir, artículos excelentes, pasión por la cultura, la ciencia, el urbanismo, la arquitectura, las nuevas tecnologías, el deporte, la moda, la cocina, el sexo. Desde su nacimiento, hace 22 meses, ha sido una de mis principales fuentes de información. Un ejemplo de innovación.

Soitu siempre buscó la ayuda de los muchos internautas que asomábamos el hocico por esa página buscando lo que otros medios no se les ha ocurrido ofrecer. Quizás aprendan de Soitu a partir de ahora. De ahí que uno se quede jodido cuando se entera que ese gran proyecto, con Gumersindo Lafuente al mando, se marcha. Siempre nos quedará seguir la pista de Albéniz – vuelve la Quiniela – y, por supuesto, la opinión literaria de Tipos Infames - unos genios - así como a muchos otros profesionales que han ofrecido información entretenida, de calidad y diferente.

Me consuelo pensando que la dupla Gumersindo y Escolar nos están preparando una sorpresa.

Permanezcan atentos a sus pantallas.

domingo 25 de octubre de 2009

Consell

El Viajero da la espalda a la bahía e inicia camino hacia el interior, donde todavía los payeses viven de la ganadería, y se libran de los transgénicos y demás porquerías. Estamos en el siglo XXI pero eso no impide que nuestro Viajero vaya con la garrota en la mano derecha, con la boina disimulando la claridad de su cabeza y un Bisonte sin filtro colgando de su boca. Le sobrecoge el contraste entre el brillo del mar y la rotundidad de la tierra árida; “cómo en tan poco espacio se puede disfrutar de tantas cosas” se dice a sí mismo y aprovecha para echar la última calada antes de tirar y pisar el cigarro. El vertiginoso pasar del tiempo siempre le pilló despistado; nunca quiso subirse al carro de los nuevos tiempos, por eso, cuando uno le ve pasear, cree cruzarse con el espectro de alguien a quien le toco morir a mediados del siglo pasado.

De súbito aparece una multitud de gente agolpada en viejos tenderetes al borde de la carretera. El Viajero, gracias a un cartel, se da cuenta de que ha llegado a Consell, al mercadillo, donde los gitanos y los alemanes negocian precio con el dinero como único lenguaje en común. Tras un corto paseo se da cuenta de lo especial del lugar: cisnes tallados en madera, cuadros de paisajes del norte de Mallorca, teléfonos antiquísimos, máquinas de escribir Umbralianas, pilas de libros en los que caben el Duarte de Cela, la magdalena de Proust, el Paris de Hemingway, el Páramo de Rulfo o la prima Montse de Marsé. A cada paso la sensación de viajar al pasado se acrecienta. “Todo parece ser como antes” le dice sobrexcitado a una gitana que intenta venderle baúles de dudosa calidad. Ésta se suena los mocos y blasfema tras el pañuelo: “los payos cada día son más tontos”.

Al Viajero le llama la atención una francesa que intenta vender postales del Mundial del 82; ella con la sonrisa sincera y estirada advierte al posible comprador que bajo la montaña de postales hay varias donde aparece la mascota. “Ahí está Nagangito” y ríe con alegría, es consciente de que aunque Deià lleve años siendo su verdadero pueblo – como Robert Graves - jamás conseguirá librarse de su acento. El Viajero repara en cuatro o cinco periódicos de papel visiblemente desgastado que la francesa intenta vender desde una esquina de la mesa. Se acerca, observa y los coge con cuidado. Levanta una y otra vez la vista. Mira a su alrededor. Se coloca con nerviosismo la boina, y se seca la palma de la mano en el pantalón.
- Disculpe, ¿qué precio tienen? – la francesa se acerca mientras éste sostiene los periódicos con cuidado.
- Uno tres eugos, dos cinco eugos – El Viajero se la queda mirando. Pese a sus cincuenta años le queda la herencia de aquella muchacha rubia y guapa que siempre fue europea
- Me llevo estos dos – y le extiende el billete.
- Grasias caballego – el Viajero contesta educado, mientras se toca con dos dedos la boina y se despide.
Camina más ligero que de costumbre, parece haber rejuvenecido tras comprobar que en su mano derecha lleva un ABC del 14 de diciembre de 1924, y el AHORA del 28 de abril de 1934.
Ya en casa, toma asiento en su sillón de orejas, se acomoda y abre uno de los periódicos con cuidado. Enseguida le llega el olor a viejo, posiblemente la mejor sensación que alguien de su edad pueda disfrutar. En la página nueve le llama la atención un título en mayúsculas y letra grande: EL SENTIMIENTO DEL CAMPO. Lo firma Don Pío Baroja, y una lágrima de alegría le cae lenta por la mejilla derecha.

Se emociona al comprobar que el pasado no siempre está tan lejos y que éste aprovecha algún descuido para visitar a viejos amigos.

sábado 24 de octubre de 2009

Lo que sobran son coches

Se ha creado un grupo de Facebook a favor de los carriles bici de Palma. Respiro aliviado. Es grato comprobar que no soy el único al que le gusta esta iniciativa de la alcaldesa Aina Calvo. “No te das cuenta de la cantidad de atascos que esto provoca” sentencia un miembro de la yihad anti-carril. Le pregunto si se ha parado a pensar que la posibilidad de que haya tanto atasco es porque hay demasiados coches. “Eres un demagogo”, me suelta. Yo le digo que vale, que bueno; que le vayan dando por el culo.

Nada más girarme me viene a la cabeza la cara de Miguel Sebastián, ese ministro que hincha pecho cada vez que le recuerdan que las ventas de coches han vuelto a subir. Claro, se pavonea porque la culpa ha sido suya y de sus compinches, que no se les ha ocurrido otra cosa que, ante el retroceso de las ventas por culpa de la crisis, inyectar miles de millones de euros al sector automovilístico. “Así evitamos ERES y despidos masivos por cierres de fabricas en España” Muy bien, eso me parece de puta madre, en serio. Pero, ¿qué hay del Refranero Español? Pan para hoy hambre para mañana; ¿qué hay de lo del cambio climático? O negamos la advertencia de la mayoría de expertos asegurando que no es más que una alarma injustificada, como hace el primo de Rajoy o Aznar, o bien proyectamos medidas para no acelerar la destrucción del planeta. La ambigüedad en este tema me parece de muy mal gusto.

Luego queremos europeizar España. Intentamos mentirnos y eso es de estúpidos. ¿Cómo cojones vamos a conseguirlo si por una iniciativa ecológica se monta este Quilombo? Si en realidad hubiese sido más cómodo para nosotros, nuestros coches todavía andarían con gasógeno, esa desfachatez que Franco se sacó de la manga para demostrar que España no tenía por qué depender de otros países. Menos mal que aquello se quedó atrás, como espero que se queden también todas esas críticas al nuevo carril bici de Palma.
Que lo que sobra son coches, y no bicis.